Carlos observaba el espectáculo, que había en la televisión.
Los que llevaban el programa eran molestos últimamente, pero el subconscientemente de su cerebro captó un refrán que le era familiar, citando a un famoso artista -
"¡Se bueno hijo, La gente mala es infeliz...!"
Carlos pensó:he oído esto antes. Dónde y por quién lo
había escuchado, se esforzaba su dormido cerebro que había sufrido un infarto
en descubrir.
A veces la vida comienza de nuevo. Así fue con Carlos.
Después de un infarto, toda su vida cambió. Antes tenía prisa, pero no ahora.
Antes se enfadaba por el ruido de los vecinos, pero no ahora. Trataba de hacer
negocios con mucho dinero, pero ahora estaba feliz con su pensión de invalidez
y un pequeño sueldo de la profesión decente. Antes cruzaba mundo con coches elegantes
- ahora era agradable para el que pueda alejarse y ver la vida. Toda vida
luchando por la justicia - ahora dejo esto a Dios.
"¡Abuelo, abuelo... Tenías razón!" Recordó Carlos esas
tardes con su abuelo Juan. El viejo maestro tenia gran experiencia, y por las noches
en el banco, bajo la nuez, hablaba con el joven.
"¡Das la salud por el dinero! Luego eso cambiara y se volverá
al revés."
Carlos sonrió. Siempre después de viajar al extranjero o
cuando había mucho trabajo en la oficina, llevaba un regalo para el abuelo y paraba para
hablar de la vida. Cuando el anciano se apagó, Carlos estuvo mucho tiempo
triste.
"¡Sé un buen hijo, la gente mala es muy infeliz!"
Carlos pensó que el dinero hace feliz a la gente. Bastante
se tomó la molestia de tener esta felicidad... En el camino vio muchos lugares.
Vio muchos países. Probó muchos platos del sabor del éxito y del fracaso.
En algún lugar vio sonreír a la gente de ropa cara y casas
grandes, pero no eran felices. En otra parte vio a las personas pobres, pero
felices. Así de cansado despertó en la UCI...
"Sí abuelo, tenías razón!"
Continuara...